¿Qué hace la música al cerebro?

El cerebro y la música

El núcleo accumbens está formado por un grupo de neuronas del cerebro cuyo estímulo produce dopamina, sustancia que nos hace sentir bienestar. El núcleo accumbens es el centro donde experimentamos la sensación de recompensa y es también el centro del placer; placer que puede proceder del consumo de comida, sexo, drogas y otras adicciones, y también de la escucha de música.

Las melodías afectan a nuestro cerebro, provocando respuestas emocionales. La música es una recompensa intelectual. Al escuchar una canción, se genera una gran actividad neurológica que involucra a varias partes del cerebro.

La Dra. López-Teijón propone que la música en su función de medio de comunicación ha sido sustituida por otras vías –teléfono, escritura, correo electrónico, etc. – y subraya que ahora utilizamos la música únicamente como un elemento inductor de placer, la consideramos cultura y arte, y ya no una vía para comunicarnos.

La música en el origen de la vida

Con base en estos datos y en los beneficios que la música tiene sobre las personas, Institut Marquès empezó a trabajar en la idea de acercar la música a los bebes en gestación y estudiar y valorar sus efectos en ellos. Teniendo en cuenta el complejo proceso de desarrollo del feto (neuronal, auditivo, etc.) y el ambiente que lo rodea, el proyecto resultó ser un desafío pero, gracias al trabajo en equipo de Institut Marquès y Music in Baby, hemos desarrollado un dispositivo único y seguro que permitirá al bebé disfrutar de la música desde antes de nacer.

neuronal

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FAQ'S

Sabemos que el oído interno completa su formación en la semana 16 de gestación, pero la funcionalidad del sistema auditivo en la literatura médica hasta el día de hoy sólo se había confirmado a partir de la semana 26. Con este trabajo de investigación por primera vez se demuestra que el feto oye desde la semana 16.

El feto recibe sonidos del interior del cuerpo de su madre tales como los latidos del corazón, la respiración y los movimientos intestinales. También percibe los sonidos procedentes de lo que hace su madre, cuando ésta habla o cuando camina con sus tacones, además de oír ruidos del exterior.

El feto está muy protegido de los ruidos. El hecho de que viva en un ambiente insonorizado hace que los sonidos le lleguen distorsionados tal y como han confirmado investigaciones realizadas en ovejas con micrófonos intrauterinos. Según estos trabajos, la mayoría de los sonidos le llegan como susurros (unos 30 decibelios), mientras que la voz materna emitida en conversación en tono normal (60 decibelios) prácticamente no le llega (24 decibelios).

Además, como la mayoría de los sonidos son muy repetitivos, se acostumbra y no reacciona a ellos. No le impiden dormir.

Así, podemos decir que el ambiente sonoro del útero es como el ruido de fondo de un bosque.

Sólo es posible a través de una única vía, la vaginal.

La vagina es un espacio cerrado, por lo que el sonido no se dispersa en el ambiente. Además, las capas de tejido blando que separan al bebé de la fuente de sonido son menos, sólo las paredes vaginal y uterina. Colocando un altavoz en la vagina se elimina la barrera que constituye la pared abdominal y el bebé puede oír los sonidos casi con la misma intensidad y claridad con la que se emiten.

Antes de la ecografía, la paciente embarazada se colocó el dispositivo vaginal diseñado para el estudio, que emite una intensidad media de sonido de 54 decibelios (el equivalente a una conversación en tono bajo o música ambiental).

El 87% de los fetos reaccionaron con movimientos inespecíficos de la cabeza y extremidades, y movimientos específicos de la boca y la lengua, que cesaban al dejar de oír la música. Además, con música vaginal, cerca del 50% de los fetos reaccionó con un movimiento muy llamativo, abriendo muchísimo la mandíbula y sacando la lengua al máximo.

En el abdomen de la embarazada se colocaron unos auriculares que emitían la música con una intensidad media de sonido de 98,6 decibelios (nivel equivalente al de la sirena de una ambulancia o a la música en una discoteca).

Durante esta parte del estudio, no se observaron cambios en las expresiones faciales de los fetos.

Al tratarse de una respuesta y no de un reflejo, la reacción del feto depende de múltiples factores y por eso es diferente en cada momento. Varía en función de la actividad neuronal del tronco del encéfalo en ese instante por lo que la respuesta podría depender de la fase el sueño en que se encuentre el feto o de los niveles de glucemia.

Por ejemplo, cuando le cantamos a un bebé, éste también reacciona de forma diferente dependiendo de si tiene hambre, sed o sueño.

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