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La música

¿Por qué la música?

La música es una creación, un invento humano, convivimos con ella a diario; ¿de dónde procede? ¿Por qué la inventamos?

Sobre el origen de la música y sus efectos en los seres humanos encontramos diversas teorías y aportaciones, basadas en estudios científicos, todas ellas muy interesantes y que sostienen diferentes puntos de vista en cuanto a los orígenes de la relación entre los humanos y la música.

Los beneficios que aporta la música a las personas han sido estudiados ampliamente. Entre sus muchas propiedades, es especialmente útil para relajarse, promover la expresión de emociones, mejorar la comunicación, recordar y estimular la memoria, promover la creatividad y, durante el embarazo, escuchar música beneficia a la madre, manteniéndola relajada.

El origen de la música

La música ha estado presente en todas las culturas a lo largo de la historia. Es, posiblemente, una de las formas de comunicación de mayor antigüedad entre los seres humanos, ya que la expresión mediante sonidos y bailes es anterior al lenguaje hablado. Son prueba de ello los instrumentos musicales encontrados en yacimientos arqueológicos de entre 6.000 y 8.000 años de antigüedad. También los bebés de pocos meses, responden mejor cuando nos comunicamos con ellos a través de melodías, y no con palabras.

¿Pudo ser la música la actividad que preparó a nuestros ancestros protohumanos para la comunicación verbal? Es posible. Existen diversas teorías que lo afirman. Una de ellas sostiene que la música se desarrolló evolutivamente porque fomenta el desarrollo cognitivo, es decir, del conocimiento. Otras subrayan el origen de la música como un elemento de vinculación, relación y cohesión social entre los humanos.

La música está presente siempre que las personas se agrupan: en los ritos religiosos, graduaciones universitarias, desfiles militares, acontecimientos deportivos, cenas románticas, funerales, etc. La música es, por tanto, un elemento fundamental para la vida individual, pero también para la convivencia en sociedad.

El estudio del origen evolutivo de la música, y de ésta como instinto, se remonta a Darwin, quien señaló que el instinto musical en los hombres se desarrolló a través de la selección natural, como parte de rituales de apareamiento humano. En El origen del hombre dice: “Mi conclusión es que el ritmo y las notas musicales se adquirieron con el fin de atraer al sexo opuesto”. Por su parte, el científico americano Stanley Miller afirma que la música se desarrolló evolutivamente para que los machos atraigan a las hembras, factor que hoy en día se mantiene.

Existen otras teorías posteriores, por ejemplo, para Sperber, Barrow y Pinker la música no tiene ninguna razón de ser, existe simplemente por el placer que nos proporciona.

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FAQ'S

Sabemos que el oído interno completa su formación en la semana 16 de gestación, pero la funcionalidad del sistema auditivo en la literatura médica hasta el día de hoy sólo se había confirmado a partir de la semana 26. Con este trabajo de investigación por primera vez se demuestra que el feto oye desde la semana 16.

El feto recibe sonidos del interior del cuerpo de su madre tales como los latidos del corazón, la respiración y los movimientos intestinales. También percibe los sonidos procedentes de lo que hace su madre, cuando ésta habla o cuando camina con sus tacones, además de oír ruidos del exterior.

El feto está muy protegido de los ruidos. El hecho de que viva en un ambiente insonorizado hace que los sonidos le lleguen distorsionados tal y como han confirmado investigaciones realizadas en ovejas con micrófonos intrauterinos. Según estos trabajos, la mayoría de los sonidos le llegan como susurros (unos 30 decibelios), mientras que la voz materna emitida en conversación en tono normal (60 decibelios) prácticamente no le llega (24 decibelios).

Además, como la mayoría de los sonidos son muy repetitivos, se acostumbra y no reacciona a ellos. No le impiden dormir.

Así, podemos decir que el ambiente sonoro del útero es como el ruido de fondo de un bosque.

Sólo es posible a través de una única vía, la vaginal.

La vagina es un espacio cerrado, por lo que el sonido no se dispersa en el ambiente. Además, las capas de tejido blando que separan al bebé de la fuente de sonido son menos, sólo las paredes vaginal y uterina. Colocando un altavoz en la vagina se elimina la barrera que constituye la pared abdominal y el bebé puede oír los sonidos casi con la misma intensidad y claridad con la que se emiten.

Antes de la ecografía, la paciente embarazada se colocó el dispositivo vaginal diseñado para el estudio, que emite una intensidad media de sonido de 54 decibelios (el equivalente a una conversación en tono bajo o música ambiental).

El 87% de los fetos reaccionaron con movimientos inespecíficos de la cabeza y extremidades, y movimientos específicos de la boca y la lengua, que cesaban al dejar de oír la música. Además, con música vaginal, cerca del 50% de los fetos reaccionó con un movimiento muy llamativo, abriendo muchísimo la mandíbula y sacando la lengua al máximo.

En el abdomen de la embarazada se colocaron unos auriculares que emitían la música con una intensidad media de sonido de 98,6 decibelios (nivel equivalente al de la sirena de una ambulancia o a la música en una discoteca).

Durante esta parte del estudio, no se observaron cambios en las expresiones faciales de los fetos.

Al tratarse de una respuesta y no de un reflejo, la reacción del feto depende de múltiples factores y por eso es diferente en cada momento. Varía en función de la actividad neuronal del tronco del encéfalo en ese instante por lo que la respuesta podría depender de la fase el sueño en que se encuentre el feto o de los niveles de glucemia.

Por ejemplo, cuando le cantamos a un bebé, éste también reacciona de forma diferente dependiendo de si tiene hambre, sed o sueño.

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